21 abril 2008

¿Se acuerdan de...?

Cecilia Márquez: Artista plástica y comunicadora. El 9 de agosto del 2006, La Jornada, en una nota titulada: "Desafió al conservadurismo en Guadalajara", daba cuenta del peculiar método de protesta de la artista plástica. El hecho fue festejado y celebrado en la gran mayoría de los blogs pro Peje, por su parte ella, sobre posibles sanciones por su performance, declaró: Si procede una sanción iré a la cárcel y me encantaría ser una presa política que lucha por la democracia“, señaló. Pero unos pocos meses después (el 24 de noviembre) en el periódico tapatío Público la artista plástica escribía:

Aquel 9 de agosto de 2006, a las 8:40 am, estaba sola, ante la ausencia de 98 artistas, pintores, actores, escritores, directores de teatro, diseñadores, escultores y cineastas. Ninguno fue, dándome en premonición el resultado. Era hacer conciencia en la gente de Jalisco sobre el fraude perpetuado que después fue legitimizado por las carencias de defensa que tuvieron los propios seguidores de López Obrador: perredistas y redes ciudadanas, quienes durante la campaña entraron en férrea lucha olvidándose de lo importante. Defender el voto por voto.

Inmóvil, con mucho frío y un vacío en el estómago, pidiendo el conteo en todas las casillas. Era una instalación: sobre el piso las palabras “voto por voto” escritas con papel de baño significando la limpieza que se requería para dar certeza a los ciudadanos; arriba la escultura del Hidalgo rompiendo las cadenas, libertando a los mexicanos del yugo, –que significaba el patriotismo–; y abajo dos caballeros con una lona que decía: fraude al desnudo y yo, tan sólo con mi tanga blanca recostada sobre una colchoneta, que evidenciaba el fraude imposible de cubrir con nada.

Soy pintora, he expuesto en museos y galerías. Mi obra la tienen personalidades de México. Pero eso no importó a algunos periodistas que se fueron por el morbo, encubriendo mis verdaderas razones. No era por si quería que López Obrador fuera presidente y Calderón no. Se les olvidó que pedía democracia: el respeto al voto, a la voluntad del ciudadano.

Se les olvidó que se desnudaba, más que un cuerpo, un fraude. Sonreía de dientes para afuera. Mi corazón se me salía del cuerpo. Es, confieso, la acción más difícil que he realizado en mi vida. Soy, a pesar de las apariencias, alguien que ama el anonimato. No salió el sol. Fueron los 17 minutos más difíciles como mujer, hija, madre, amiga, artista, ciudadana y como mexicana. Estaba ausente y presente. Nunca pensé hacer algo así, creí que era un poco cobarde. La fuerza estaba en la verdad.

No sé si valió la pena cuando los perredistas pensaron que era una exhibicionista y les robé el aparador, muchos me niegan el saludo, sufro de asedio y vigilancia por parte de algún aparato burocrático y se me niegan los espacios para exponer por ser quien se desnudó en una plaza.

No sé si valió la pena porque el PRD de Jalisco me despidió sin derecho a mi liquidación de tres meses según la ley; se terminaron “mis amigos y amigas”; en el colegio de mi hija hay mamás de otros niños que me sacan la vuelta, hasta algunos familiares míos reniegan de serlo; ya nadie quiere comprarme obra, y se me niegan los espacios para exponer.

No sé si valió la pena ahora que todos los medios me han cerrado la oportunidad de trabajar en ellos: que se me da las gracias de diarios por razones poco claras, estaciones de radio y televisión se niegan hasta venderme un espacio para hacer lo que durante 20 años he hecho: ser una comunicadora. No sé si buena, pero sí digna y defensora de la verdad.

No sé si valió la pena ahora que ningún político me quiere como su asesora, y cualquier hombre hace su chiste machista cuando me presenta a otro.

No sé si valió la pena ahora que veo que mi cuenta del banco está en ceros y sube exorbitantemente la de números rojos, ahora que todos aquellos a los que yo les di la mano me la niegan, y estoy en el terreno de la marginación total de tipo político-social; estoy enferma sin posibilidades de hacer más.

No sé si valió la pena que me juzguen de piruja, encueratriz y cascos ligeros, cuando a lo largo de mi vida lo único que tengo es dignidad. Nunca me he acostado con nadie por dinero, ni por un puesto. Siempre he sido sincera, amor y entrega nunca a cambio de nada. Si soy inmoral por desnudarme en un performance como artista, para denunciar un fraude y pedir certeza en las elecciones, lo seré toda mi vida. Porque es más inmoral mentir con tal fragancia en nombre de todos, utilizando al aparato del Estado; de todos aquellos que tiene doble moral y que se les hace más fácil juzgar y calificar sin conocimiento para marginar.

Pienso que sólo soy una gota. Pero así está conformado el mar y poco a poco vence a las más grandes rocas, recordándoles que la fuerza está adentro. Dentro de cada uno de nosotros que sabemos que México se merece un gobierno a la altura de los ciudadanos. Un país en donde nunca se olvide que la democracia, la justicia y la igualdad son principios no negociables e invendibles, sin precio. Porque el precio es la paz. Y usted dígame, ¿vale la pena?

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Alejandro Echevarría, alías el Mosh se hizo famoso durante la huelga de la UNAM de 1999-2000 a partir de una crónica de Herman Bellinghausen en La Jornada, en ella decía que: "Alejandro Echevarría, emblemático dirigente del ala izquierda del BUI en Ciencias Políticas, conocido como El Mosh, luce su torso desnudo, desafiante, en el extremo superior derecho del auditorio de Ciencias. La madrugada corre como una fiebre contagiosa que tiene a todos encendidos, a los que no, apabullados. Junto a El Mosh, cuya línea política está triunfando en la asamblea, una muchacha también se levanta la camiseta y enseña el sostén, y la barriga pintada de huelga. Hay euforia. Se ennumeran desde la mesa las carreteras y vías de comunicación que cerrarán las distintas escuelas. Se habla con vigor y decisión. "La represión ha subido de tono", dicen los estudiantes. Desgranan el impacto que tendrá bloquear los accesos de la capital y algunas calles importantes. El orden del día ya incluye, por primera vez, un punto de mítines. "Pondremos en jaque al gobierno", aseguran".

La frase de "Pondremos en jaque al gobierno" fue retomada por Jaime Aviles en su articulo semanal y sutilmente cambiada (como seguido acostumbra) por "ya basta de contemplaciones con el pinche gobierno de Cárdenas", y es que no hay que olvidar que el de Cuauhtemoc era el primer gobierno del PRD en el D.F., lo que ocasiono una curiosa veleidad entre los periodistas y moneros de La Jornada quienes no hallaban que hacer para quedar bien con ambos lados; al final no lo consiguieron y acabaron por ser acusados por el CGH de tergiversar los hechos y sumarse al clima de linchamiento que (hay que reconocerlo) se habían ganado. Casi un año después el gobierno federal retomo las instalaciones de la UNAM en una acción limpia y detuvo a casi 300 de los paristas, entre ellos el Mosh, hecho que si bien no fue aplaudido en público por La Jornada si se festejo en privado.


Hoy, casi 7 años después de su salida de la cárcel, nos volvemos a enterar del Mosh por una entrevista en El Universal que vale la pena transcribir:

El Mosh, Alejandro Echevarría, de cabello corto y escasa barba, camina sin prisa por una playa del Pacífico mexicano donde ahora radica. Sin embargo, a nueve años de haber encabezado la última huelga que mantuvo paralizada a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) por nueves meses, alejado la vida política, aún vive con el estigma de haber pertenecido al Consejo General de Huelga (CGH).

Su situación laboral no ha sido fácil, confiesa a EL UNIVERSAL. “Si me contratan para dar clases, a la semana me dicen: muchas gracias, ya no requerimos sus servicios”. Para solventar sus gastos ejerce el comercio de puerta en puerta. Da clases particulares de idiomas y en ocasiones suple a profesores de primaria.

Alejado de la ciudad de México, El Mosh prefiere que se omita el lugar de su residencia; en las playas del Pacífico ha visto crecer a su hijo, junto a su esposa, quien es profesora.

Alejandro Echevarría sonríe con nostalgia al observar a través de sus viejos lentes a su hijo, quien espontáneamente grita y brinca al mar. Parece un padre común, como si detrás de su silueta no existiera el estigma de haber encabezado el movimiento estudiantil del Consejo General de Huelga, que se inició por la propuesta del entonces rector Francisco Barnés de Castro, de modificar el Reglamento General de Pagos, que implicaba incrementar las cuotas en la UNAM, y terminó (la huelga) con la irrupción de 2 mil 260 efectivos de la PFP a Ciudad Universitaria. Donde él y 631 activistas fueron detenidos y encarcelados el 6 de febrero del año 2000.

“Durante el movimiento estudiantil varios compañeros fuimos señalados como la supuesta dirigencia; hay que decir que el movimiento siempre fue horizontal y quien tomaba las decisiones era la comunidad, a través de asambleas. Los medios trataron de decir que no, que eran unos tres o cuatro monos, seudopandilleros que eran los que decidían por todos y entre ellos estaba yo”.

Para Alejandro Echevarría su participación en el CGH, aún tiene repercusiones en el aspecto laboral y personal. Sin embargo, dice “jamás obtuvimos nada a cambio, ningún puesto, ninguna riqueza. Sabíamos que lo hacíamos por los derechos de todos y esa era nuestra satisfacción, nuestro único pago, por así llamarlo”, dice al rememorar esa época.

Al referirse a su vida actual, Echevarría expresa: “Quisiera decir que no ha sido fácil. Soy uno más de los 300 expulsados y suspendidos por motivos políticos. Me impidieron titularme, aunque ya tenía todo. Así cercenaron mi vida académica”.

El Mosh obtuvo la medalla Gabino Barreda por su excelencia académica en la carrera de sociología, en la Facultad de Ciencias Políticas, honor que rechazó por “venir de las manos de quienes reprimieron al movimiento estudiantil” de 1999.

Sin embargo, el ex líder estudiantil confía “que en algún momento se generará la coyuntura donde el tema de los expulsados políticos por el Tribunal Universitario de la UNAM se pondrá nuevamente en el centro del debate. En ese momento habrá justicia para nosotros, a quienes nos bloquearon académicamente”.

Confiesa que a nueve años del surgimiento del CGH, “no puedo dar clases en ninguna escuela. Si se da el caso y me llegan a contratar, a la semana o a las dos semanas me dicen, ‘muchas gracias ya no requerimos sus servicios’. ¿Por qué se da esto? Seguramente porque les hablan de la Secretaría de Educación Pública o de otra institución de gobierno para no permitirme dar clases”.

Además de las clases particulares de idiomas, de sustituir en ocasiones a profesores de primaria, cuando éstos no pueden presentarse a clases y de ejercer el comercio de puerta en puerta para solventar sus gastos. También, en ocasiones, colabora en brigadas de alfabetización en comunidades de extrema pobreza del país.

Confía que algún día regresará y se titulará en la UNAM. “No he movido ni un solo papel de mi historial en la facultad, nunca he intentado sacar mis documentos, ahí están esperándome”.

Antes de retirarse dice que ahora su única lucha es su hijo…


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Con las debidas proporciones, puesto que el daño del Mosh a la UNAM no tiene comparación con el acto de Cecilia, pero es triste la manera de terminar de ambos. No dudo que en su momento pensaran que hacían lo correcto, pero al final de cuentas se vieron abandonados por sus supuestos "defendidos", así se cumple aquello de "el que se mete a redentor, acaba crucificado", y es que así es de ingrata la política.

4 comentarios:

Rubén dijo...

Como siempre clarificador...

Yo por mi parte escribía hace poco: "...Aprendimos a ver pasar la marcha, al presidente, al político. Y no les dimos crédito ni por el hecho ni por el dicho. Aplaudimos a Marcos y a Fox... y con eso terminamos la chamba. Después fue su bronca." por allá en mi blog.

La verdad es que hasta hace poco tenía la impresión de que uniéndome a algun movimiento político habría más oprtunidad de alzar la voz de manera algo más audible. Pero no, pronto recordé que no es así.

Ernesto dijo...

Hola Trimax

Ayer vi esta entrevista y no pude mas que tener dos sentimientos encontrados. El primero, el del universitario que vio su casa corrompida y llevada a una crisis terrible, que no puede evitar sentir que algo de justicia divina hay en lo que a este tipo le pasa. La otra, la del padre de familia y el humano compasivo que no puede mas que sentirse conmovido porque un padre de familia tenga que vivir así. Sin embargo, todos forjamos nuestro futuro y el Mosh hizo lo propio. Puso en jaque al sistema, pero el sistema le dio mate a el. Such is life...

Mario dijo...

Trimax,
De este post no cabe mas que la reflexion sobre el hecho de que aquellos que abrazan con fanatismo cualquier causa social, sea de derecha o izquierda, y tienen la expectativa de estar participando en algo realmente trascendente y revolucionario, al final descubren que TODO AQUEL que anda pidiendo volar al stablismenth en pedazos ES EL PRIMERO en buscar ingresar en el (que le pregunten a don Peje, en que escuelas estudian sus hijos, pero igualmente averiguen por curiosidad por los hijos de los altos mandos del PRD PAN y PRI)

Padawan dijo...

Me pareció elocuente lo planteado en relación con la participación del Mosh en al huelga del 99; sin embargo para quienes fuimos testigos directos de ese evento podemos decir que el Mosh no fue otra cosa sino un simple ícono, carente de ideas políticas propias y cuyo único discurso era al repetición sistemática de consignas incendiarias. El CGH nunca fue una organización horizontal primro fue conformado por el CEU histórico y por el BUI (Bloque Univesristario de Izquierda) que a als primeras de cambio se desintegró y dio lugar a una serie de corrientes más o menso organizadas (el CEM y los caudillos de Políticas, de Ciencias y Economía: Jorge Martínez Valero, Argel Pineda, Leticia Contreras, mario Benítez y Alberto Pacheco-El Diablo-) hasta que lograron dominar "ideológicamente al CGH exterminando políticamente al ala moderad quienes se inclinaban por ponderar el dialogo antes que las "acciones contundentes" (mitines, marchas, bloqueos, plantones y vetos a los medios de comunicación y autoridades universitarias) La huelga se hizo porque nadie nos escuchó y el CGH terminó aislado y sin querer hablar con nadie más que consigo mismo, sin autocrítica y sin tolerancia: termino por convertirse en lo que tanto combatió.